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Bullying. Acoso escolar

Bullying: Cómo detectarlo y prevenirlo.

bullying

Bullying”, una palabra que cada día que pasa se introduce más en nuestras casas a través de los medios de comunicación y en conversaciones con padres y madres a la salida de los colegios, creando preocupación y temor en las familias, dudas en el profesorado sobre la capacidad para detectarlo en sus propias aulas y la forma de proceder en tal caso, y sobre todo, un profundo dolor a quién lo padece.

Es cierto que cada día la palabra bullying o acoso escolar, se va incorporando más a nuestro vocabulario habitual, pero también es cierto que el desconocimiento sobre su propia definición, los signos de alarma para detectarlo y sobretodo, qué medidas tomar al respecto, tanto de prevención como de tratamiento, siguen siendo una asignatura pendiente.
A través de este artículo queremos dar una breve pincelada sobre este fenómeno, con el objetivo de resolver ciertas dudas que nos acechan a todos acerca de esta lacra que afecta hoy en día a nuestro sistema escolar.

¿Qué es el bullying?

Si utilizamos su origen literal, el anglicismo “bully” hace referencia al término castellano “matón” y las acciones propias de quienes ejercen el matonismo. Acciones y comportamiento de ridiculización, de sometimiento, de subyugación, de humillación, de exclusión, de extorsión, de agresión, etc… Estas acciones se dirigen, o las dirigen los agresores/as a un “objetivo”, “blanco” o “diana”, que constituye el receptor de las mismas, ante la presencia y la mirada de otros/as que contemplan lo que sucede, generalmente sin hacer nada y que se produce tanto en el entorno escolar como en otras áreas fuera de la escuela.
Díaz Aguado, M.A. considera el acoso escolar como un tipo específico de violencia, que se diferencia de otras conductas violentas que puntualmente un alumno puede sufrir o ejercer en un determinado momento, por formar parte de un proceso con cuatro características que incrementan su gravedad:

  • 1. Suelen implicar diversos tipos de conductas: burlas, amenazas, intimidaciones…

  • 2. No se limita a un acontecimiento aislado, sino que se repite y prolonga durante cierto tiempo.

  • 3. Provocado por un individuo (agresor), apoyado generalmente por un grupo, contra una víctima que se encuentra indefensa, que no puede por sí misma salir de esta situación.

  • 4. Y que se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir directamente.

Por lo tanto, algunas características básicas para que se desarrolle una situación de acoso escolar o Bullying son: intencionalidad y repetición, desequilibrio de poder entre agresor y víctima e indefensión personalizada, es decir, la víctima interioriza la agresión de forma que es consciente que ante cualquier ocasión donde se presente el agresor, el ataque puede ser inminente.

Tipos:

La forma más común de identificar el bullying o acoso escolar implica agresiones físicas explicitas, sin embargo hay otras formas más sutiles que no por ello tienen consecuencias menores para la víctima.
Agresión física: se manifiesta a través de empujones, patadas, golpes, arrojar objetos, esconder o romper sus cosas…
Agresión verbal: a la víctima le llaman con motes ofensivos que le hacen sentir mal, difamaciones, insultos o burlas, desprecios, desafíos, amenazas, agresiones verbales.
Exclusión social: el grupo difunde rumores o bulos que afectan al menor, le aíslan e ignoran en el grupo de iguales, no le dejan participar en actividades o le obligan a hacer cosas en contra de su voluntad
Sexual: hacer alusiones a su condición sexual, o ser víctima de tocamientos o comentarios de tipo sexual
Ciberacoso o Ciberbullying: en los últimos años y con el avance de las nuevas tecnologías ha surgido esta nueva manera de infligir daño, a través del teléfono móvil o internet con objeto de ejercer acoso contra la víctima. Serían situaciones donde la víctima ve como le insultan, amenazan o hacen correr rumores en comunidades y espacios virtuales como las redes sociales. Así mismo, se publican fotos del menor y/o su entorno familiar en dichos espacios con la intención de hacer pública la humillación a la que es sometido.

¿Cómo detectarlo?

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No siempre resulta sencillo identificar una situación de bullying o acoso escolar debido a la “ley del silencio” que suele imperar entre los alumnos, y también porque el menor víctima de los abusos y humillaciones de sus compañeros, suele callar estos hechos por miedo o vergüenza.
Es importante estar atentos a estos posibles signos de alarma para, una vez detectados, contrastar la información y averiguar si son consecuencias de una situación de acoso escolar.

Signos de alarma en el centro escolar:
  • Casi todo el mundo conoce las humillaciones, burlas, motes o insultos a los que se somete a la víctima.
  • La víctima no suele participar en actividades extraescolares como excursiones, fiestas escolares, y si acude es fácil verle apartado y aislado. No le eligen como compañero para realizar trabajos en grupo.
  • No le suelen invitar a fiestas de cumpleaños de compañeros, a casa de los demás a hacer trabajos, a pasar la tarde…
  • Presenta tarde o en mal estado los ejercicios, trabajos o tareas escolares, no siendo algo habitual en este estudiante.
  • Desciende su rendimiento académico, atención y comportamiento en clase.
  • Ante cualquier pregunta acerca de qué tal le va en el centro, responde de manera esquiva, o con un poco convincente, “bien, normal…”
  • Se muestra avergonzado, esquivo, triste y ausente en el aula, e intranquilo, asustado y nervioso en los espacios supervisados por adultos.
  • Se inventa excusas para no salir al recreo.
  • Empieza a llegar tarde a clase, cuando todos están dentro para evitar encontrarse con sus acosadores.
  • Muestra magulladuras o lesiones más o menos leves y superficiales del tipo, hematomas, arañazos, torceduras, etc.
Signos de alarma en casa:
  • Hasta el momento hablaba de sus compañeros de clase de manera tranquila, de lo que ha hecho con ellos y de los planes futuros que tienen y de repente deja de hacerlo o lo hace de manera esquiva y nerviosa.
  • Se queja abiertamente de problemas con algún compañero.
  • Evita hablar del colegio y de los compañeros. Cuando se le pregunta a cerca de su estancia en el centro, se muestra esquivo y no suele dar mucha información.
  • Nunca lleva a compañeros a casa, ni vuelve acompañado después de clase. No le invitan a fiestas, ni a cumpleaños de otros compañeros.
  • Sale tarde de casa para llegar con la hora justa de entrar a clase.
  • Le falta material escolar, o lo presenta deteriorado o manipulado, no siendo habitual en él.
  • Su carácter ha cambiado y llora con facilidad, se enfada a menudo, se muestra triste, irritable o irascible sin que exista una causa aparente y no siendo un comportamiento habitual en él.
  • Manifiesta frecuentes quejas somáticas del tipo, le duele la cabeza, la tripa, se encuentra mal… sobre todo los días previos a ir a la escuela o por la mañana.
  • Muestra una clara oposición a ir al colegio o de repente insiste en que se le acompañe tanto a la ida como a la vuelta de las clases.
  • Desciende de manera llamativa su rendimiento académico.

¿Cómo actuar?

Como podemos observar el bullying o acoso escolar es un fenómeno que se puede presentar de diversas formas, en diferentes contextos y en el que intervienen diversos actores, no solo agresor y víctima. Por lo tanto la intervención debe acoger a estos múltiples contextos y a las personas implicadas: agresor, víctima, espectadores, grupo de clase, centro y familias.

Con respecto a la víctima debemos recoger información y responder a sus demandas emocionales. Garantizar su seguridad y la confidencialidad del todo el proceso. Es importante darle tiempo para responder cómodamente e resumiendo la información que nos facilite. También debemos hacerle partícipe de la solución, preguntándole directamente por lo que cree que se puede o se debe hacer

Los espectadores son la parte más importante en lo referente a la resolución del conflicto. Debemos hacerles conscientes de su destacado papel en todo este proceso y contribuir así a que termine lo antes posible. Es posible que piensen que no son parte del problema, pero debemos recalcarles su papel “activo” en esta situación, así como en su solución.

En cuanto al agresor, nuestro objetivo principal debe ser el de recoger información y dejar claro que no se va a consentir que la situación continúe. Son fundamentales las preguntas abiertas, que le permitan tener tiempo para responder sin que se sienta presionado. Con el objetivo de que identifique sus conductas inadecuadas, se le insistirá en las repercusiones que está teniendo la víctima. Es importante que el agresor entre en contacto con el sufrimiento de la víctima para poder trabajar posteriormente sobre su empatía.

Psicólogo Juan López Vico. Especialista en bullying
Dra. Mariola Rubio. Especialista en terapia infantil.

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