Éste es el único mensaje que quieren trasmitirte tus emociones.

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Desde que nacemos y a lo largo de toda nuestra vida, estamos en continuo contacto con nuestras emociones: nos sentimos nerviosos ante un examen importante, tensos en una entrevista de trabajo, podemos sentir temor viendo una película sobrecogedora, tristeza cuando vemos a un ser querido partir, alegría cuando conseguimos nuestros objetivos… Podríamos seguir escribiendo una lista interminable de eventos y sucesos, algunos más importantes y otros menos, que nos provocan reacciones emocionales, de diferente intensidad y duración, pero emociones al fin y al cabo.
Es difícil imaginarse un mundo sin emociones, por poner un símil sería muy parecido a ver el mundo en blanco y negro, sin tonos intermedios, esto es bueno y esto es malo. Por suerte para los humanos no ocurre así, tenemos la capacidad de emocionarnos y es sin duda es uno de los mayores logros de la evolución.

Después de esta pequeña introducción voy a proponeros un pequeño ejercicio. Mientras lees estás líneas piensa en una capacidad o habilidad que tengas. A continuación voy a proponer algunos ejemplos, unos muy generales otros más específicos para darte algunas ideas, pero el último corre por tu cuenta.

Seguramente tienes la capacidad de andar y, aunque no lo recuerdes, probablemente te han contado el momento en el que comenzaste hacerlo y quien te ayudó. O puede que tú mismo estés enseñando a alguien en estos momentos, cogiendo sus brazos y poco a poco soltándole, animando a cada paso y ayudando a levantarse si se tropieza.
Probablemente también seas capaz de hablar y recuerdes cómo, primero en la familia y después en el colegio, te han ido marcando los pasos a seguir para expresarte y aumentar tu vocabulario.
Puede que seas un crack en el fútbol y desde pequeño hayas ido a un club o practicado con tus amigos y amigas.
Puede que tengas un don para la música y hayas pasado horas y horas en el conservatorio limando hasta el más mínimo detalle.

Ahora te toca a ti, piensa en cualquier habilidad o capacidad que tengas y pregúntate si tanto tú como las personas que te rodean pusisteis todo vuestro empeño para desarrollarla o simplemente la dejasteis a su suerte.

Ahora bien, tienes la capacidad de sentir emociones y me pregunto, ¿quién estuvo ahí para explicarte que significaba aquello que le pasaba a tu cuerpo cuando tuviste tu primer suspenso, cuando diste el primer beso o cuando te despediste de alguien a quien querías? Estamos en continuo contacto con nuestras emociones y para la gran mayoría de la gente son un baile de ensayo y error en el que algunas veces podemos salir muy mal parados.

Vamos con un poco de teoría:

Existen cientos de estudios sobre emociones, cientos de artículos y puede que otro tanto de libros, lo primero de todo es llegar a un acuerdo común sobre qué es una emoción.
Una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva de cada persona que viene acompañada de cambios orgánicos, estos pueden ser fisiológicos o endocrinos, de origen innato y que dependen de la experiencia.

Por lo tanto, una emoción pone en marcha tres tipos de respuesta en nuestro cuerpo:
  1. Respuesta fisiológica: activación física de nuestro cuerpo.
  2. Respuesta cognitiva: pensamientos y creencias que experimentamos.
  3. Respuesta motora: las acciones que realizamos a partir de esa emoción.
En los seres humanos existen 6 emociones básicas que todos experimentamos, independientemente de la cultura y el aprendizaje.
 Miedo   Sorpresa   Asco   Ira   Alegría   Tristeza 

Ahora vamos a desmontar un mito:

Existen emociones buenas como la alegría o la sorpresa y emociones malas como el enfado o la tristeza.

Esto, sin duda, es totalmente falso.
Como explicaba al principio del artículo, las emociones son uno de los mayores logros de la evolución en el ser humano y como todo aquello que perdura a través del tiempo tiene una función especialmente adaptativa. Están ahí para que sobrevivas, no para hacerte feliz, al menos no siempre.
Es más inteligente dividir las emociones en agradables como: alegre, comprendido, inspirado, sereno, etc. Y desagradables como: culpable, confuso o abatido.

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Por último, una metáfora:

Este artículo se titula “Este es el único mensaje que quieren trasmitirte tus emociones” y para llegar al mensaje vamos a relatar la metáfora del mensajero:
Las emociones las podemos comparar con un mensajero que tiene la orden de entregarnos un paquete en casa y que, según él, nuestra vida depende de ello. Su trabajo es muy importante y quiere que ese mensaje nos llegue por encima de todo, por lo tanto lo intentará de tantas formas como sea posible hasta que decidamos abrirle la puerta. Es muy fácil abrirle la puerta al mensajero cuando nos trae un precioso paquete verde lleno de esperanza, sin embargo, es más difícil cuando llama a nuestra puerta por tercera vez para entregarnos un paquete azul oscuro cargado de tristeza. En este momento puede que tengamos la tentación de no abrirle, sin embargo, es su trabajo y considera que es de vital importancia para nosotros que lo recibamos y si no lo hacemos puede que nos corte la luz o el agua para que salgamos de casa a recibirlo.

Cada emoción tiene una función específica y el mensajero te trasmite un mensaje único para cada una de ellas, por ejemplo:

    • Culpa: “Mira a ver porque puede que no estés actuando de acuerdo a tus principios o alguien esté sufriendo por algo que has hecho.
    • Vergüenza: “Mira a ver porque puede que tu identidad o valoración pública este en juego”.
    • Miedo: “Mira a ver porque puede que esto sea peligroso”.
    • Ira: “Mira a ver porque puede que haya algo que esté bloqueando el alcance de tu meta”.

Si te das cuenta, el mensajero no es nada más que tu cuerpo que trata por todos los medios posibles hacerte llegar un mensaje, muy útil para tu supervivencia y que si aprendemos a escucharlo nos ayuda a tomar mejores decisiones, a responder con nuestro cuerpo rápidamente, nos da información sobre las intenciones de los demás y nos proporciona información sobre si algo nos conviene o no.

El único mensaje que quieren trasmitirte tus emociones es el de marcar el camino y la posibilidad (“Mira a ver”), para que tú libremente decidas aceptar y sentir esa emoción y comprender qué te está diciendo y por qué.

Es innegable el valor adaptativo de las emociones, sin embargo es importante aprender a manejarlas, especialmente aquellas que nos resultan desagradables, de lo contrario las emociones pueden suponer un desgaste enorme para la persona.

Autor: Juan López Vico. Psicólogo.