LA HUELLA PSICOLOGICA DE LA PANDEMIA COVID 19

 

Muchos han sido los efectos producidos por esta pandemia en todos los ámbitos de la sociedad, pero a nivel psicológico pocos hemos salido indemnes.

Uno de los aspectos a resaltar sería la comunicación o más bien la falta de ella. Ya que durante el tiempo de confinamiento muchas familias se han visto obligadas a mantener la convivencia de forma extrema 24-7.

En esta situación afloran los miedos y las carencias que vamos ocultando de forma cotidiana y aparecen las consecuencias de nuestra falta de habilidades psicológicas. No podemos escabullirnos de nuestras obligaciones  ni delegarlas por mucho tiempo, quedando patente el rol que cada uno cumplimos en la unidad familiar.

Verte frente a frente ante dicha situación, sin tener la posibilidad de una vía de escape para salir de casa y darte un tiempo fuera o un paréntesis que te aleje y te de perspectiva, te obliga a desarrollar otras herramientas psicológicas para enfrentarte con la cruda realidad de aceptarse a uno mismo, y aceptar a los demás miembros de la familia tal cual son, con sus virtudes y sus defectos. Y no es tarea fácil. Para lograrlo hay que poner en práctica todo tipo de habilidades sociales como:

  • Aumentar tu paciencia.
  • Tomar conciencia de tu autoconocimiento y tu autocontrol.
  • Fomentar el diálogo socrático.
  • Utilizar la empatía y la resolución de problemas, tomando una postura asertiva que permita respetar los derechos propios y ajenos.
  • Agudizar la imaginación y la creatividad

Y todo ello centrándote en vivir en el aquí y ahora. Sin divagar en proyectos a largo plazo o lamentándote de lo que te has perdido, o no puedes hacer, muy típico en nuestra cultura mediterránea.

Es decir, reuniéndote de forma lúdica, para descargar tensiones acumuladas en las actividades de la vida diaria como trabajo, familia, etc.

Si analizamos todo lo anterior nos damos cuenta de que si tomamos como ejemplo  una familia común con sus altibajos habituales y la sometemos a una situación de confinamiento, privándola de todas las costumbres  que  le sirven para descargar tensiones, divertirse, socializar y realizarse como individuo y, además, añadimos la falta de recursos y habilidades sociales que le ayuden a sobrellevar dicha situación, tendremos un caldo de cultivo propicio para que se desarrollen patologías como:

  • Trastornos de ansiedad.
  • Depresión.
  • Trastornos del sueño.
  • Trastornos alimentarios.
  • Adicciones de todo tipo.
  • Múltiples problemas en la convivencia familiar.

Todos ellos trastornos que, de no resolverse a tiempo, pueden derivar en problemas y traumas de todo tipo.

Como el hecho de cómo afecta esta situación a cada miembro de la familia. Porque no es lo mismo ser un adulto que un niño o un adolescente. Ni tampoco es lo mismo ser estudiante o trabajar en la hostelería y estar en ERTE, o ser sanitario y trabajar en primera línea de fuego. O los que directamente han perdido su empleo y viven en una situación mas desesperada. O las familias que han perdido miembros sin poder ni siquiera despedirse y empezar un duelo en condiciones.

Todo ello deja una huella psicológica que es necesario detectar, gestionar y tratar

Teresa Sáez Sánchez  15/03/2021